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Buscar ayuda profesional para un hijo no es una decisión sencilla. Es normal que surjan dudas, miedos e incluso cierta sensación de culpa. Sin embargo, saber cómo escoger psicólogo infantil puede marcar una gran diferencia en el bienestar emocional y el desarrollo de tu hijo o hija. Te cuento qué aspectos tener en cuenta para tomar una decisión informada y tranquila.
No siempre es fácil saber si lo que está viviendo tu hijo necesita atención profesional. A veces los cambios son sutiles y progresivos, y otras veces aparecen de forma repentina. En general, conviene considerar acudir a un psicólogo infantil cuando observas cambios bruscos en su comportamiento o estado de ánimo, como irritabilidad, apatía, tristeza prolongada o aislamiento social. También cuando aparecen dificultades persistentes en el colegio, ya sea en el aprendizaje o en la relación con sus compañeros, o problemas de sueño, alimentación, control de esfínteres o regresiones evolutivas que no se explican médicamente. Si el niño o niña expresa miedo, ansiedad o preocupaciones que le impiden disfrutar de su día a día, también es momento de prestar atención.
No hace falta esperar a que el problema sea «grave». La psicología infantil también está para prevenir, orientar y acompañar.
El primer paso es asegurarte de que estás ante un profesional sanitario habilitado. En España esto implica tener el Grado en Psicología más el Máster General Sanitario o el PIR, además de estar colegiado, algo que puedes verificar a través del Colegio Oficial de Psicólogos de cada comunidad.
No todo psicólogo trabaja con infancia, así que conviene asegurarte de que tiene experiencia real con niños de la edad de tu hijo y con las dificultades que presenta. Una consulta inicial puede ayudarte a valorar si se siente cómodo con el enfoque. En cuanto al tipo de terapia, existen diferentes enfoques (cognitivo-conductual, sistémica, terapia de juego, entre otros), pero lo importante no es tanto el nombre como que sea una intervención basada en la evidencia y adaptada a la etapa evolutiva del menor. No dudes en preguntar cómo trabaja, cuánto dura el proceso y qué papel tienen los padres.
Hay un último punto más difícil de medir, pero igual de importante: la sintonía y la confianza. ¿Te sentiste escuchado en la primera conversación? ¿Tu hijo se sintió cómodo? Esa confianza no se impone, se construye desde el primer encuentro. También conviene valorar aspectos prácticos como la ubicación, los horarios, los precios claros y la regularidad de las sesiones.
La primera consulta suele estar orientada a recoger información y establecer un primer vínculo. En muchos casos, la sesión se realiza primero solo con los padres o cuidadores, y más adelante se incluye al niño.
Es habitual que el psicólogo pregunte sobre el desarrollo del menor, su entorno familiar, escolar y social, y sobre los motivos concretos de consulta, además de explicar cómo será el proceso terapéutico: frecuencia, duración estimada, objetivos y forma de trabajo. Para el niño o niña, el espacio debe sentirse seguro. A veces se usan juegos, dibujos o materiales adaptados para conocerle sin presionarle a hablar de lo que aún no puede poner en palabras.
En función de la edad, las dificultades y la personalidad del menor, se puede optar por diferentes enfoques. La terapia cognitivo-conductual trabaja con pensamientos, emociones y conductas, y es muy útil en casos de ansiedad, miedos o baja autoestima. La terapia de juego, especialmente útil en niños pequeños, permite expresar emociones y conflictos a través del juego simbólico. En ocasiones el trabajo con los padres o con toda la familia es esencial para generar cambios sostenibles, y en casos de dificultad para identificar, expresar o regular emociones, la terapia emocional o de habilidades sociales suele estar muy indicada.
En cualquier caso, la terapia debe adaptarse al niño, no al revés. Si en casa detectáis además señales de ansiedad social en la adolescencia, te dejo este artículo sobre cómo identificarla y cuándo buscar ayuda, que puede darte más contexto.
No todas las psicoterapias son iguales, y eso conviene tenerlo claro desde el primer momento. En mi caso, combino formación en psicoanálisis con herramientas de la terapia cognitivo-conductual, lo que me permite adaptar el enfoque a las necesidades reales de cada niño y de su familia. Solo ofrezco intervención en aquellos casos para los que estoy formada y capacitada, porque no creo en soluciones universales ni en fórmulas que sirven para todos por igual.
Las sesiones pueden realizarse tanto de forma presencial en Santander como online, y en ambos formatos el enfoque es el mismo: crear un espacio de confianza, seguridad y respeto donde el niño o niña pueda expresarse a su ritmo. En la consulta presencial contamos además con una sala especialmente diseñada para la terapia infantil, pensada para que el juego, la expresión emocional y la relación terapéutica puedan darse de forma natural, con el lenguaje que la infancia mejor entiende: el simbólico y el corporal.

Alicia Ibáñez
Psicóloga colegiada
Número de colegiada: CA-00466
Número de registro sanitario: 06/2017/02922
C. Lealtad, 14, 39002 Santander, Cantabria
Tlf.: 687 425 936
aliciaibanezreyes@gmail.com