La ansiedad social en adolescentes puede sentirse como un peso invisible que acompaña a tu hijo en cada clase, reunión o actividad. Muchos jóvenes lo viven en silencio, con miedo al juicio social, temor a equivocarse o a ser rechazados. Desde el psicoanálisis, estos miedos pueden estar ligados a experiencias tempranas, inseguridades profundas o conflictos internos que se intensifican en la adolescencia, un periodo lleno de cambios y desafíos. Reconocer la fobia social en adolescentes a tiempo es el primer paso para acompañarlos y ayudarles a recuperar su confianza.
La ansiedad social puede impactar distintos aspectos de la vida del adolescente:
En mi consulta suelo ver adolescentes que, a pesar de tener habilidades o recursos, viven con una presión interna muy alta cuando tienen que exponerse. Muchas veces lo que más les angustia no es la situación en sí, sino la idea de fallar frente a los demás.
Algunos signos orientativos incluyen:
Ejemplo: Un adolescente inventa excusas para no ir al recreo, o prefiere quedarse en su habitación antes que participar en un grupo de amigos. Otro joven puede sentir un nudo en la garganta y tartamudear al intentar hablar con alguien que le gusta, aunque quiera acercarse. El bloqueo emocional es uno de los indicadores clave a tener en cuenta.
He trabajado con adolescentes que pasan horas anticipando todo lo que puede salir mal en una interacción social. Les cuesta parar el bucle de pensamientos autocríticos y eso les hace evitar cada vez más situaciones que antes eran cotidianas.
Las causas pueden tener un origen multifactorial:
El objetivo es acompañar al adolescente para que comprenda sus miedos, gane confianza y desarrolle habilidades sociales. Algunas estrategias incluyen:
Ejemplo: Un joven puede empezar trabajando cómo saludar a un compañero de clase o participar en una conversación pequeña antes de enfrentar un debate frente a toda la clase.
En terapia, solemos empezar por crear un espacio donde el adolescente pueda expresarse sin miedo a ser evaluado. A veces, solo con poner en palabras lo que sienten, ya comienzan a aliviar parte del malestar.
La duración depende de la intensidad de los síntomas, el compromiso del adolescente y la frecuencia de las sesiones. Orientativamente:
Algunas mejoras se notan pronto:
Cambios más profundos, como sentirse seguro en entornos sociales o exponerse naturalmente, requieren más tiempo y constancia. La guía de un profesional es clave para respetar el ritmo del adolescente. Así como la constancia y el compromiso del paciente son fundamentales para ver éxito en el trabajo terapéutico.
Es recomendable buscar ayuda cuando:
Ejemplo: Una joven que deja de asistir a clases de danza que antes amaba por miedo al juicio de los demás.
Un especialista puede ofrecer un espacio seguro para explorar emociones, entender los miedos y acompañar al adolescente a recuperar confianza, autonomía y bienestar emocional.
En mi consulta, soy especialista en ansiedad social en adolescentes y adultos, y ofrezco terapia psicológica tanto en Santander como online, adaptándome a las necesidades de cada familia y cada etapa. Si lo que está viviendo tu hijo o hija te preocupa, puedes contar con un espacio seguro donde no se juzga, se escucha y se trabaja desde la confianza.

Soy Alicia Ibáñez, psicóloga licenciada y colegiada nº CA-00466. Me formé en Psicología en la Universidad Nacional Andrés Bello y continué mi especialización en Madrid con un Máster en Psicología Clínica y Psicoterapia Psicoanalítica. Desde entonces, he trabajado durante más de 25 años en el ámbito clínico acompañando a niños, adolescentes y adultos en procesos terapéuticos profundos.